Se dio cuenta de que ya no era de día, de hecho hacía mucho que debería haberse dado cuenta de eso. También se dio cuenta de que no tenía la menor idea de donde estaba.
-Mmmh... y bué- se dijo a si mismo antes de seguir caminando sin saber hacia donde iba.
Vagando sin rumbo llegó a la entrada de un bar el cartel decía algo que de seguro 40 años atrás se entendía perfecto, o al menos eso daba a entender lo destrozado que estaba. No pudo evitar pensar que a algo como eso no le quedaba demasiado tiempo de vida. Entró.
Una vez adentro sintió que conocía ese lugar, que ya había estado ahí. Le recordaba a Madrid, o a Ginebra, o a Praga, o a algún otro lugar que no podía especificar. Y es que ese era el mismo bar en el que había estado antes. Sin importar si entraba en una puerta en Nueva York, Irlanda o Singapur; entraba al mismo lugar.
Adentro había demasiada gente para lo que aparentaba la entrada, de hecho, si uno juzgaba por la entrada, no debería haber espacio suficiente ni para todas las mesas de ese local.
Caminó dificultosamente hasta la barra. En el camino se topó con una chica gótica que pareció reaccionar exageradamente mal al contacto, con un tipo con cuernos (pensó un insulto hacia los cosplayers obsesivos), un músico que moviéndose en segundos desde el pequeño escenario hasta la entrada mostraba lo acostumbrado que estaba al lugar, y un par de tipos vestidos con overoles con cara de estafadores. Llegó a la barra eventualmente. Se sentó.
-Escocés, solo- pidió al que atendía la barra.
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