Introducción

Las historias aquí presentes son elementos practicamente inútiles por sí mismos, pero muy valiosos como parte de un todo. Son un universo cerrado amplio como pocos, con sus heroes y sus villanos, con sus dioses y sus mortales. Son historias que no tratan de narrar ni lo mejor ni lo peor ni todo lo contrario, narran cosas, algunas épicas y otras cotidianas. Cosas que, como ya dije, toman su sentido e importancia en un todo.

Estos últimos meses la página ha tenido grandes demoras, y por lo pronto las seguirá teniendo. Aún así pueden considerar esto como una señal de que intentarémos mantener un minimo de decoro con respecto al ritmo.

Actualmente esto puede considerarse más que nada un proyecto personal. Puede culparse a una estructura que no admite colaboración agena, o a problemas de parte de un inexistente departamento encargado de publicitar. No importa. Todávía estámos dispuestos a aceptar las colaboraciones de quien desee darlas, y de seguro nos haría bastante felices recibir alguna.

lunes, agosto 27

Un pájaro

Llevaba horas buscando en el bosque.

A los 45 minutos de llegado Juan había visto algunas liebres, pero se escaparon. 10 minutos después vio algunos pájaros, muy pequeños como para hacer valer el viaje y las balas.

Pero a estas alturas ya estaba dispuesto a juntar semillitas con tal de irse a su casa. Se suponía que era su turno de hacer la comida. Se preguntó que sería peor: Llegar con las manos vacías ó llegar con las manos vacías 4 horas después de la hora de comer.

Entonces lo vio. Un pájaro. Un pájaro grande como un nene de10 años. Con plumas amarillas que reflejaban al sol en todo su fulgor, o naturalmente tan brillantes como el sol. Una cola arcoiris con cada pluma de un color diferente al de la anterior. Alas gigantescas que se movían dócilmente, forzando a los árboles a sacudirse. Cada vez que movía esas alas destellos caían de estas. Y ese canto. Un canto tan hermoso. Tan hermoso que Juan se sentó a escucharlo. Y sintió sueño. Y se relajó. Sus manos resbalaron de las rodillas, y sintió la escopeta. Entró en razón. Disparó.

Entró con cuidado a la casa por la puerta de atrás, la que daba a la cocina. Se aseguró que nadie lo viera. Ni a el ni al animal. Lo desplumó y lo cocinó con un guiso.

A su papá le gustó, a su mamá no tanto. A su hermana le pareció demasiado salado.

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