Introducción

Las historias aquí presentes son elementos practicamente inútiles por sí mismos, pero muy valiosos como parte de un todo. Son un universo cerrado amplio como pocos, con sus heroes y sus villanos, con sus dioses y sus mortales. Son historias que no tratan de narrar ni lo mejor ni lo peor ni todo lo contrario, narran cosas, algunas épicas y otras cotidianas. Cosas que, como ya dije, toman su sentido e importancia en un todo.

Estos últimos meses la página ha tenido grandes demoras, y por lo pronto las seguirá teniendo. Aún así pueden considerar esto como una señal de que intentarémos mantener un minimo de decoro con respecto al ritmo.

Actualmente esto puede considerarse más que nada un proyecto personal. Puede culparse a una estructura que no admite colaboración agena, o a problemas de parte de un inexistente departamento encargado de publicitar. No importa. Todávía estámos dispuestos a aceptar las colaboraciones de quien desee darlas, y de seguro nos haría bastante felices recibir alguna.

jueves, noviembre 8

Ciudad fantasma.

Belén y Eugenia caminan por el medio de la calle lanzando miradas punzantes e histéricas a cuanta cosa ven que se mueve. Confían en que el estar juntas les da alguna protección. No saben protección contra qué, pero igual se mantienen juntas.

Ambas ignoraron el hecho de que no estuvieran sus padres cuando llegaron a sus respectivas casas. Ambas se sintieron extrañadas cuando nadie contestaba sus llamadas o al ver el supermercado desolado. Ambas se sintieron desesperadas al reconocer que no podían encontrar a nadie en la ciudad. Hasta hacía unas horas había suficiente gente como para que no se dieran cuenta de esto. Pero ni siquiera sabían qué era “esto”. Solo sabían que en todo lo que habían recorrido de ciudad no había ni un alma. ¿Habría ocurrido un accidente y evacuaron? ¿Fue desalojada la ciudad? ¿Una epidemia? ¿Era posible que sucediera algo así y que ellas dos fueran las únicas personas que no se enteraron?

Y así vagan por horas en la ciudad. Todas las cosas que eran tan normales para ellas adquirían ahora un aire sombrío y horrible al estar completamente carentes de gente. Como si todos simplemente se hubieran levantado e ido.

Cada sombra que generan las luminarias de la calle les recuerda a la gente que ya no está con ellas. O tal vez gente con la que ellas no están. Todo depende de dónde está la gente.

El sol se pone y la luz artificial parece mucho más débil de lo normal al no estar las luces de los automóviles ni los carteles de neón de los negocios. Más débil al carecer de sonidos aparte del ocasional movimiento de un papel al viento y los pasos de ellas.

Entonces la encuentran. Probablemente la única persona aparte de ellas. Una chica con cara de cansancio, probablemente de tanto buscar, igual que ellas. Con ropa vieja y gastada.

-Hola.- dice Belén mientras trota al encuentro de la chica con su voz mezclada con una risa de alivio -¿Vos sabés qué…? Disculpá, no sabés quién soy, me llamo Belén. Ella es Euge.-
-Hola.- agrega Eugenia, que tambien había acelerado el paso para el encuentro.

Por supuesto, Ágata hace caso omiso a las chicas. Se limita a alimentarse de ellas. En cuanto termina de alimentarse dos agentes se acercan a ella.
-Muy buenos días Ágata, parece que ya terminaste de recuperarte de tu sueño.-
-Te agradeceríamos que nos acompañaras.-

No les sorprende a los agentes que la muchacha se resista. Les enseñan que lo normal es que los Venerados no sean agradecidos por su resurrección. Les enseñan cómo se anula a los Venerados. De hecho, todos y cada uno de los movimientos que hacen los dos hombres están estandarizados y son parte del entrenamiento obligatorio.

Les enseñan que se debe colocar un elemento en la sangre del alimento que pueda ser usado para dañar. Les enseñan cómo contenerlos en formas humanas. Les enseñan que deben declarar su presencia en un terreno previamente cubierto de talismanes. Les enseñan todo lo que deben saber para ese tipo de situaciones.

Y funciona.

-Ágata: la sublime, la virtuosa.- una voz femenina y hermosa como el canto de los ángeles, si existieran, surge de cierto ángulo donde nadie había prestado atención.

Los dos agentes se detienen ante ese sonido. Ágata también se detiene y observa.

Su cabello rubio brilla como solo un sol puede brillar. Sus labios son superiores a la idea platónica que les corresponde. Sus ojos son un Zahir y un Alef a la vez. Y todo Su cuerpo brilla con un aura de perfección absoluta e indiscutible.

Un agente cae de rodillas al piso sollozando “Lo siento, lo siento mucho.”. El otro agente comienza a besar Sus pies.

-Es hora de que te retires Ágata.- susurra Ella.
-Sí señora.-responde la Venerada.
Y es que todos nos arrodillamos a los pies de Ella.

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