Belén y Eugenia caminan por el medio de la calle lanzando miradas punzantes e histéricas a cuanta cosa ven que se mueve. Confían en que el estar juntas les da alguna protección. No saben protección contra qué, pero igual se mantienen juntas.
Ambas ignoraron el hecho de que no estuvieran sus padres cuando llegaron a sus respectivas casas. Ambas se sintieron extrañadas cuando nadie contestaba sus llamadas o al ver el supermercado desolado. Ambas se sintieron desesperadas al reconocer que no podían encontrar a nadie en la ciudad. Hasta hacía unas horas había suficiente gente como para que no se dieran cuenta de esto. Pero ni siquiera sabían qué era “esto”. Solo sabían que en todo lo que habían recorrido de ciudad no había ni un alma. ¿Habría ocurrido un accidente y evacuaron? ¿Fue desalojada la ciudad? ¿Una epidemia? ¿Era posible que sucediera algo así y que ellas dos fueran las únicas personas que no se enteraron?
Y así vagan por horas en la ciudad. Todas las cosas que eran tan normales para ellas adquirían ahora un aire sombrío y horrible al estar completamente carentes de gente. Como si todos simplemente se hubieran levantado e ido.
Cada sombra que generan las luminarias de la calle les recuerda a la gente que ya no está con ellas. O tal vez gente con la que ellas no están. Todo depende de dónde está la gente.
El sol se pone y la luz artificial parece mucho más débil de lo normal al no estar las luces de los automóviles ni los carteles de neón de los negocios. Más débil al carecer de sonidos aparte del ocasional movimiento de un papel al viento y los pasos de ellas.
Entonces la encuentran. Probablemente la única persona aparte de ellas. Una chica con cara de cansancio, probablemente de tanto buscar, igual que ellas. Con ropa vieja y gastada.
-Hola.- dice Belén mientras trota al encuentro de la chica con su voz mezclada con una risa de alivio -¿Vos sabés qué…? Disculpá, no sabés quién soy, me llamo Belén. Ella es Euge.-
-Hola.- agrega Eugenia, que tambien había acelerado el paso para el encuentro.
Por supuesto, Ágata hace caso omiso a las chicas. Se limita a alimentarse de ellas. En cuanto termina de alimentarse dos agentes se acercan a ella.
-Muy buenos días Ágata, parece que ya terminaste de recuperarte de tu sueño.-
-Te agradeceríamos que nos acompañaras.-
No les sorprende a los agentes que la muchacha se resista. Les enseñan que lo normal es que los Venerados no sean agradecidos por su resurrección. Les enseñan cómo se anula a los Venerados. De hecho, todos y cada uno de los movimientos que hacen los dos hombres están estandarizados y son parte del entrenamiento obligatorio.
Les enseñan que se debe colocar un elemento en la sangre del alimento que pueda ser usado para dañar. Les enseñan cómo contenerlos en formas humanas. Les enseñan que deben declarar su presencia en un terreno previamente cubierto de talismanes. Les enseñan todo lo que deben saber para ese tipo de situaciones.
-Sí señora.-responde la Venerada.
Y es que todos nos arrodillamos a los pies de Ella.
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