Francisco Mosalve llega a su casa después de un día especialmente duro. Lo que había empezado como un trabajo desafiante y entretenido, se había convertido en un constante griterío estresante que parecía nunca acabar. Después de solo un par de horas en la oficina ya estaba deseoso de regresar a su hogar para poder descansar y recuperarse. Aunque internamente se sentía feliz de que el proyecto estuviera tan pronto a finalmente terminarse.
-¿Día duro en el trabajo?- Su tono mostraba genuino interés, algo más allá del propio de una estructura repetida por tantas parejas al encontrarse en su casa.
-No podrías ni empezar a imaginártelo.- Realmente no estaba en el interés de Francisco el relatar lo agotador de su día, eso sería casi tan molesto como revivirlo.
-Bueno, no te preocupes, ya estás en casa.-como si leyera su mente, su esposa evitó por completo el tema y, como bonificación, lo abrazó y besó nuevamente.
-Esperá, pará un segundo.-
-¿Qué pasa?-
-Hay algo raro.- Algo más allá de lo que él puede percibir, una especie de instinto natural que escapa a la razón le dice que algo no es como se supone que sea y le activa cada señal de alerta posible en su cuerpo. Solo que Francisco no sabe como poner eso en palabras.
-¿Querés cambiarte de ropa? ¿Querés que te prepare un te? Seguro es cosa de la presión del trabajo.
-No, no es eso.- Sigue tratando de articular sus sentimientos, o tal vez reconocer qué es lo que los desata. De cualquier forma, el esfuerzo mental le dificulta seguir moviéndose.- Es que… es que… ¿Quién sos?-
-¿Cómo? ¿Qué decís? No te entiendo.-
-Yo… yo no estoy casado, yo no se quien sos, no te conozco ¿Cómo entraste a la casa?-
La desesperación toma control de Mosalve y este empieza a retroceder sin apartar la vista de la mujer. Tropieza con una mesa ratona, y aún en el suelo continúa alejándose, incapaz de ocultar su miedo ante la situación que está viviendo.
-Soy yo, Marta, nos conocimos en la universidad, nos casamos el otoño pasado, soy yo.-la mujer se acerca a Francisco, ya arrinconado en una esquina de la habitación. Lo acaricia en la mejilla.-Por favor, no te pongas así.-
-Se está dando cuenta… Muy bien, me encargaré.-
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