Una campanita hizo su sonido característico cuando Víctor abrió la puerta para entrar. Ojeó un poco los artículos en espera de que la encargada lo atendiera.
Mientras ojeaba algunas de las estatuillas fetichistas de Indonesia, la mujer se acercó a él y lo saludo. Del susto casi rompe tres estanterías, por suerte nada pasó.
La mujer, Julia, vestía una pollera larga de tela india y un pulóver tejido con mucha técnica pero claramente a mano. Ella era el tipo de persona que al verla uno olvida todos sus problemas y solo desea sentarse a tomar un té, o algo así, tal vez. El punto es que en su presencia cuesta focalizar ideas, o cualquier cosa que no implique el resultado inmediato de ser feliz.
-Ho…hola, buscaba las cosas de este listado para el bar.-
-Parece que te tienen de mandadero ahora, ¿no?- la pregunta no implicaba burla ni seriedad ni jocosidad.
Víctor quiso responder pero solo logró balbucear unos ruidos ininteligibles. Julia ignoró esto y siguió buscando las cosas del listado. Canturreaba algunas canciones de los manuscritos Pnakóticos mientras tomaba hierbas y algunos medallones.
El local estaba atestado de cosas, pero ella se movía como bailando entre las pilas de objetos. La atmósfera estaba enrarecida por un incienso que emanaba un humo blanco y espeso, sin embargo era fácil respirar. Lo antiguo de la edificación causaba que crujiera constantemente, y el sonido recordaba al infinito del océano.
-Bueno, acá tenés todo. Puse la mandrágora con un poco de tierra para que llegue fresca al bar.-
-Gracias. Eh, me preguntaba si… si vos…-
-Me encantaría- y sonrío de una forma que hizo que Víctor sintiera como si se derretía en ese exacto lugar-¿En el bar a qué hora?-
-¿Diez?-
-Por supuesto- Volvió a sonreír, dio media vuelta y se fue con su caminar danzante a arreglar algunas cosas del local.
La bolsa casi se le resbala de la mano pero entró en sí. Apuntó a la puerta y mientras salía dio un pequeño saltito y chocó talones.
Abrieron la puerta de una patada y diez personas, como mínimo, entraron armadas con armas automáticas. Uno apuntó a Víctor en la cara con una MK 16, un par a Julia con XM8-2, los demás comenzaron a revolver el lugar.
-Disculpe que seamos tan rudos, simplemente estamos en necesidad de un elemento en especial, cuando lo encontremos lo pagaremos y nos iremos.- el hombre de traje que informó esto llevaba el cabello engominado hacia atrás, anteojos cuadrados con un marco hecho a medida y un traje tan cuidado como es físicamente posible.
-¿Puedo saber qué buscan?- la voz de Julia era tranquila y sin alteraciones, pero el que sabía cómo hablaba normalmente podía notar que estaba muy molesta.
-Una cosita insignificante, una pequeña y nimia monedita de 25 centavos.-
-¿Están hablando de…-El tipo que estaba frente a Víctor lo noqueó con la culata de su arma antes de que terminara su oración.
-Entonces, ¿podemos confiar en que usted tiene este ítem?- El hombre parecía no notar toda la agresividad que ocurría a su alrededor, obviamente estaba acostumbrado a esta.
Julia, abiertamente de mala gana, caminó hasta una estantería, abrió un cajón que contenía montones de piedras azules que brillaban con imágenes de las profundidades del océano y piedras verdes que brillaban con imágenes del corazón de la selva. Hundió la mano desviando la mirada del cajón y buscó por unos segundos. Sacó una caja negra y se la entregó al hombre de traje.
-Muchas gracias por su cooperación, puede confiar en que hizo lo correcto.- Un hombre entró con un maletín y lo dejó a un costado de Julia.
-No quiero su dinero.- el hombre del traje miró el maletín, miró a Julia, sonrió y partío hacia la puerta ignorando esta línea.
Salió, escribió algo con una letra muy obtusa o en un idioma que asemejaba a algun idioma humano pero que fallaba en serlo, y se lo dio a uno de sus hombres bajo la orden de que se lo diera a quien él sabía. Sacó un celular, apretó un botón y esperó unos segundos.
-Ya lo tenemos, tal vez halla una posibilidad. No, aún no sabemos eso, lo mejor sería ignorar esa posibilidad… No, no le estoy diciendo cómo hacer su trabajo, por favor disculpe.- colgó.
En el local, donde ahora solo quedaban dos personas, Julia le hizo oler a Víctor un frasco. Cuando volvió en si le preguntó.
-Entonces, ¿el viernes en el bar a las diez?
Mientras tanto, en una oficina, un tal Mosalve termina la última hoja de código para iniciar la fase final de producción del modelo de prueba del disruptor de campos intrínsecos.
Pero realmente no creo que les interese saber eso.
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