Este es el día siguiente. El primer día del resto de tu vida. Suena a eslogan, pero pocas veces lo sentiste tan real.
Hoy, por algún motivo que sos incapaz de identificar, decidiste no salir de casa. Decidiste que ese suéter negro que todos dicen que parece lo que alguien usaría en el aniversario de la muerte de un ser querido es lo indicado para usar. Decidiste llorar sin motivo alguno.
Igual que vos, todos decidieron lo mismo. Si de pronto la gente decidiera salir, todos se sentirían como cuando se encuentra en una fiesta a un desconocido con la misma ropa que uno. La incomodidad del efecto rebaño.
Si de pronto decidieras salir, cosa que no va a pasar, verías las calles casi desiertas. Ningún hombre ni mujer puso un solo pie fuera de su casa con ese suéter negro, o con la remera negra, o con el vestido negro de la boda de su amiga que hoy parece más apagado que nunca. Sin embargo, las calles no están desiertas. Si de pronto decidieras salir, cosa que no va a pasar, verías a los niños.
Los chicos juegan al football en las avenidas principales. Las chicas saltan la soga en la fuente de la plaza principal que hoy nadie encendió. Fingen que manejan los autos abandonados en el medio de la calle por adultos que de pronto decidieron que querían estar en sus casas. Toman gaseosa sacada de un quiosco sin nadie que atienda en las sillas de un café que nadie se ocupó de cerrar.
Claro, vos no lo sabés, y tampoco te interesa saber qué está pasando allá afuera. Te interesa vivir en tu pequeño martirio particular. Rendir un luto inconsciente.
Este es el primer día del resto de tu vida.
Este es el primer día desde que Ella nos abandonó.
Los chicos juegan en las calles mientras sus padres lloran en la ducha. Pero aunque jueguen, sus caras no muestran verdadera alegría. Tal vez vos pensarías que están felices. Claramente se ven más felices que vos. Más felices que tu pareja si es que está en tu casa. Pero no lo están. Están tristes. Tan solo es que son demasiado jóvenes para comprender qué es esa angustia que succiona en el medio de su pecho. Son lo suficientemente jóvenes para cargar con un dolor más. Un dolor que supera todo lo que vayan a tener que guardar en su interior cuando crezcan.
Este es el primer día del resto de tu vida.
Este es el primer día desde que Ella nos abandonó.
Y vos, sin saberlo, le rendís luto con tu suéter negro llorando en una esquina de la cocina. Vos y todos los demás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario