Introducción

Las historias aquí presentes son elementos practicamente inútiles por sí mismos, pero muy valiosos como parte de un todo. Son un universo cerrado amplio como pocos, con sus heroes y sus villanos, con sus dioses y sus mortales. Son historias que no tratan de narrar ni lo mejor ni lo peor ni todo lo contrario, narran cosas, algunas épicas y otras cotidianas. Cosas que, como ya dije, toman su sentido e importancia en un todo.

Estos últimos meses la página ha tenido grandes demoras, y por lo pronto las seguirá teniendo. Aún así pueden considerar esto como una señal de que intentarémos mantener un minimo de decoro con respecto al ritmo.

Actualmente esto puede considerarse más que nada un proyecto personal. Puede culparse a una estructura que no admite colaboración agena, o a problemas de parte de un inexistente departamento encargado de publicitar. No importa. Todávía estámos dispuestos a aceptar las colaboraciones de quien desee darlas, y de seguro nos haría bastante felices recibir alguna.

jueves, febrero 7

Pasado (T-10): Vida de campo.

Marquitos cruzó la pradera desesperadamente para llegar hasta su madre y mostrarle su último hallazgo. Los últimos tres objetos que había encontrado en el lago había sido una bota izquierda a media separar de su suela, una caja de algún producto que era desconocido a todos en su casa y una rama que, desde su punto de vista, tenía una sorprendente similitud con la cara de su abuelo.

Al llegar a su casa, su madre lo abrazó y le ofreció un vaso de limonada. Igual que lo hacía cada vez que su hijo regresaba del lago. Y por primera vez, Marquitos rechazó la bebida azucarada. Estaba demasiado emocionado para pasar nada por la garganta. Le mostró a su madre el colgante que había encontrado.

El colgante consistía en una cruz posicionada en forma de X compuesta por la unión de un martillo, una espada, una pluma de esas que se usaban para escribir y un telescopio, en ese orden siguiendo el sentido de las agujas del reloj. A pesar de que lo había encontrado en el medio del barro a la orilla del lago, estaba tan limpio que reflejaba en su totalidad la luz del sol, si es que no la amplificaba con su color dorado lleno de vida.

Al pasar a sus manos el premio del hijo recién llegado, la madre sonrió. Cuando su sonrisa se redujo lo suficiente como para permitirle ver en detalle, y al ver así el diseño del objeto, empalideció. Miró desesperadamente para todos lados, como esperando que alguien más estuviera ahí. Tomó a su hijo del brazo con una fuerza que nunca le había mostrado y lo sacudió y tanteó buscando algo en su ropa manchada de barro.

-¡Mamá!¡Me estás lastimando!- gritó entre sollozos Marquitos

-¡¿De dónde sacaste esto?!- su madre ignoró las indicaciones de su hijo le habló llena de una peligrosa mezcla de ira y miedo.

-¡Lo encontré tirado!- Marquitos seguía sollozando al hablar.

-¡Me estás mintiendo! ¡¿De dónde sacaste esto?!- la conversación subía a cada linea de volumen con ambas personas tratando de captar más atención que la otra.

-¡En serio! ¡Lo encontré! Por favor, me estás lastimando.-

La madre soltó a su hijo, por deseo propio más que por los sollozoso ya convertidos en llanto del niño. Subió al ático. Guardó el colgante en una cajita llena de símbolos y metió esa caja en un sobre de papel madera. En el sobre escribió las indicaciones para que llegara a su hermana.

Y a partir de que envió ese paquete, comenzó a rezar todas las noches por que su hermana supiera qué hacer.

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