Gabardina flameando con el viento frío de la noche, Víctor continuó cruzando fila tras fila del cementerio sistemáticamente. Sabía que se movía detrás de él. Sabía que se movía por donde su vista no llegaba. Era más práctico continuar caminando.
La luna llena potenciada por los montones de químicos en la atmósfera permitía ver con claridad esa noche, pero eso no compensaba el estar en terreno enemigo. Las filas de lápidas pasaban constantemente a ambos lados de Víctor con flores, cartas, piedras y otras cosas como prueba de las miles que estuvieron antes que él. Cada tanto una sombra se movía sobre ellas y él sabía que era inútil fijarse.
Sun Tzu dijo que uno debe luchar siempre en su propio terreno. Cuando es necesario incursionar en el territorio enemigo uno debe transformar ese terreno en el propio. Víctor lo sabe porque Sun Tzu se lo dijo.
Llega a los portones cerrados por la noche. Afuera, una niña pinta con tiza en el suelo. Se levanta, lo mira de cuerpo entero, y le dice en francés
-¿Sabe que este es el territorio de Bozo?-
-Sí, lo se.-
-Bozo es bueno, ayuda a la gente necesitada. Con su magia nos protege.-
-Sí, lo se.-Víctor entiende fluidamente el francés, pero no es tan bueno hablando.
Da un salto y se sumerge de lleno en la oscuridad.
-Adiós señor- se despide la niña.
Luego mira al sentido contrario de dónde fue Víctor y saluda al payaso flotante ahí presente.
-Hola señor Bozo. Se fue por ahí.-
Bozo mira. De la dirección contraria a donde el payaso mira y la niña señala, se proyecta un rayo de luz verde hacia Bozo como el chorro de agua de una manguera contra incendios de las que antes existían. Lo lanza varios metros hacia delante y al suelo. Víctor avanza desde las sombras con el rayo de luz constantemente saliendo de su mano izquierda, la cual tiene los dedos medio y anular doblados y los demás extendidos.
Sun Tzu dijo que para retirarse uno debe hacer creer que va a atacar, y para atacar uno debe hacer creer que va a retirarse. Le fue útil a Víctor invocarlo para charlar. Uno puede aprender mucho del pasado.
Sin dejar de lanzar ese rayo, Víctor revisa con su mano derecha el interior de la chaqueta del payaso. Saca una figura achatada de cinco puntas, dos de ellas curvas, del tamaño de su mano. Se levanta y duplica el tamaño del rayo por unos segundos para rematar al payaso.
Salta el portón de dos metros de altura sin dificultad alguna. Le da un par de palmadas en la espalda a la nenita que había roto en llanto. Cruza la calle y se acerca a una camioneta negra estacionada. Da dos golpes a la ventana y una mujer de pelo negro hasta la cintura baja el vidrio.
-Buenas noches. Yo ya tengo lo que quiero. El payaso muerto es todo suyo, hagan lo que quieran.-
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