Consideraron ya el mudarse pero no tiene sentido, no cambiaría las cosas.
Su casa, y con esta ellos, cargaba ahora con la marca del lobo y no había nada que ni Adriana ni su esposo pudieran hacer para cambiarlo.
A partir del día en que recibió el paquete toscamente sellado por su hermana, Adriana dejó de revisar la casa. De pronto dejó de interesarle el que pueda haber incendios o que su hijo se tome el detergente. Al poco tiempo a su marido también dejó de importarle, él tardó un poco más en entender.
Es un fenómeno llamado “narcotización”. Una vez que a uno se le es presentado el peor resultado uno se apaga, ya no le importan las cosas. Pierde las esperanzas. Sólo se pregunta “¿Para qué molestarse?”, y no encuentra una respuesta.
A los meses de haber recibido el paquete, a su pequeño Víctor le picó una viuda negra. Por supuesto que nadie se ocupó de llevarlo al hospital. Al día siguiente la mano inflada como una manopla de juguete de un estadio de football norteamericano se desinfló y el antígeno llenó el cuerpo de su hijo.
Después de que su casa fuera marcada por el lobo, pocas cosas podían realmente preocuparles.
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2 comentarios:
Para alegría de Dam.. el cuento por fin ha llegado...
saludos amistosos!!
hallar periodicidad en esto sería pedir mucho.. pero estaría bueno..
PORQUE!?!?!?!
llega uno.
alegria (o no tanto).
pasa una planta rodadora.
de vez en cuando muchas telarañas.
¡Qué pasó!
llegó otro.
y nuevamente la planta rodadora.
mucho viento del lejano oeste.
¿para cuándo el próximo cuento?
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