Introducción

Las historias aquí presentes son elementos practicamente inútiles por sí mismos, pero muy valiosos como parte de un todo. Son un universo cerrado amplio como pocos, con sus heroes y sus villanos, con sus dioses y sus mortales. Son historias que no tratan de narrar ni lo mejor ni lo peor ni todo lo contrario, narran cosas, algunas épicas y otras cotidianas. Cosas que, como ya dije, toman su sentido e importancia en un todo.

Estos últimos meses la página ha tenido grandes demoras, y por lo pronto las seguirá teniendo. Aún así pueden considerar esto como una señal de que intentarémos mantener un minimo de decoro con respecto al ritmo.

Actualmente esto puede considerarse más que nada un proyecto personal. Puede culparse a una estructura que no admite colaboración agena, o a problemas de parte de un inexistente departamento encargado de publicitar. No importa. Todávía estámos dispuestos a aceptar las colaboraciones de quien desee darlas, y de seguro nos haría bastante felices recibir alguna.

martes, septiembre 23

Pasado (T-5): Dos grandes

La habitación es por completo blanca y sólo contiene dos bancos largos enfrentados. En uno Manuel Ribera trata de comprender al hombre que tiene en frente porque ya hace tiempo que olvidó dónde estaba camuflada la puerta en esas paredes en apariencia vacías de marcas.
El otro hombre parece mayor que él, aunque con su condición es probable que Manuel sea mayor. Hay algo en su rostro. Está tranquilo pero no está relajado. Está al acecho, midiendo, calculando. Probablemente no haya cometido también el descuido de olvidar la posición de la puerta.

Entiendan por favor, Manuel es un profesional, pero lo que lo hace un profesional limita ciertas áreas también. Su concentración no es la máxima que ha tenido, pero su instinto es casi incomparable. Y su instinto le dice que conoce al hombre sentado frente a él.

Probablemente si Manuel escuchara más noticias sabría sobre su compañero de celda, aparece mucho en ellas. Pero Manuel también aparece bastante, aunque no con la cara que tiene ahora.

La habitación está aislada por completo. Ningún sonido entra ni ninguno debería salir. No por medios naturales. Pero es absurdo pensar que no están siendo vigilados. No es que Manuel no lo piense, sólo dedica poco interés a ese hecho, se concentra en su acompañante. Hay algo conocido en él.
Ese rostro en parte viejo y en parte joven. Atento, siempre haciendo cálculos. Confiado. Es un hombre que sabe que puede hacer lo que quiere siempre y cuando lo haga masivamente. No tiene compasión, se nota en sus ojos. Tampoco tiene paz.

-Hola Manuel.- le dice finalmente. Manuel no se sobresalta, pero se sorprende al comprobar que ese hombre también lo conoce. – Veo que con el tiempo fuiste perdiendo la memoria. Supongo que es normal en los de tu clase.-
-Recuerdo bien suficientes décadas. Eso significa que, si bien sabés que soy un hombre lobo, no nos hemos visto en mucho tiempo. Disculpá si no me enternece el reencuentro, no hay nada bueno en la época que no recuerdo.-

Kovacs empezaba a enunciar una respuesta cuando fue interrumpido por el Agente que entro por la puerta genérica.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te has quedado aquí..
Sabés? He empezado a extrañarlo un poco.