Introducción

Las historias aquí presentes son elementos practicamente inútiles por sí mismos, pero muy valiosos como parte de un todo. Son un universo cerrado amplio como pocos, con sus heroes y sus villanos, con sus dioses y sus mortales. Son historias que no tratan de narrar ni lo mejor ni lo peor ni todo lo contrario, narran cosas, algunas épicas y otras cotidianas. Cosas que, como ya dije, toman su sentido e importancia en un todo.

Estos últimos meses la página ha tenido grandes demoras, y por lo pronto las seguirá teniendo. Aún así pueden considerar esto como una señal de que intentarémos mantener un minimo de decoro con respecto al ritmo.

Actualmente esto puede considerarse más que nada un proyecto personal. Puede culparse a una estructura que no admite colaboración agena, o a problemas de parte de un inexistente departamento encargado de publicitar. No importa. Todávía estámos dispuestos a aceptar las colaboraciones de quien desee darlas, y de seguro nos haría bastante felices recibir alguna.

lunes, septiembre 3

Chassé

Corrí, corrí y corrí. Ya nada me iba a salvar. Comenzaron a disparar, las balas me rozaban el cuerpo e impactaban en los troncos de los árboles cercanos, haciendo volar pedazos de madera por los aires. Nunca llegaría a la ciudad, logré escapar del bosque pero no del peligro, no había rastro alguno de casas o gente.

Encima de todo, ahora era un blanco fácil, ya no había árboles que dificultaran la matanza. Los guerrilleros pararon de correr para apuntar y terminar todo de una vez mientras yo seguía corriendo a campo abierto. A mi derecha vi un pequeño edificio rápidamente me arrastre hasta la puerta. La abrí y la cerré detrás de mí, con lo que cesaron los sonidos de disparos como si el edificio fuera a prueba de ruidos. El lugar parecía una posada, estaba llena de gente, ¡Gente inocente!

Todos iban a morir en cuanto entrara la guerrilla. “¡Corran por sus vidas! La FARC se acerca y nos matará a todos…” Como algo inesperado algunos me miraron con desaprobación mientras otros rieron. Un rubio con aspecto ario, dijo con un tono raro, “¡Sal de aquí latino!” unos tipos del tamaño de un ropero abrieron la puerta y me arrojaron afuera.

Increíblemente los cazadores no estaban más, ni si quiera estaba muy seguro de dónde estaba yo…

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Rodrigo Astorga 2/9/07


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