Durante el último año Víctor trató con elfos, troles, demonios, dragones, nigromantes, vampiros, magos, espíritus de la naturaleza e incluso con la personificación de la muerte. Y sin embargo nada de eso le bastó como entrenamiento, desde su punto de vista, para soportar a sus compañeros. Una masa amorfa de individuos uno más estúpido que el siguiente con pequeñas características propias de cada uno que los hacen dignos de un único y muy especial sillazo en la cabeza para cada uno. Pero tiene que contenerse.
Al parecer, la chica nueva de este año, Mercedes, no coincide por completo con las ideas de Víctor. A la semana ya tiene un pequeño grupito de amigos solo más odioso que el siguiente grupito en ser visto. Por algún motivo sintió que necesitaba formar una unión con Juan, el chico que pasa todas sus vacaciones en las montañas y no puede parar de hablar sobre las cosas que caza con su papá, Irene, la chica maternal inútil para todo servicio, y Claudio, pirómano júnior.
Aunque hay que saber que siempre le pasa lo mismo. Empieza el año cargado de una ira a duras penas contenible hacia toda esa gente, se tranquiliza progresivamente a lo largo del año, hasta que a fin de año casi los logra ignorar por completo. Por ejemplo, ya a mediados de año soportó ir a una de las “patrullas” del grupito.
Sucede que, cuando una persona es esper y, a la vez, hija de la mayor esper de todos los tiempos (el caso de Mercedes), la sensibilidad mágica hace que se interese en los cientos de espíritus que habitan una ciudad común y corriente.
Por lo que Víctor pudo ver, o bien las habilidades esper se heredan mientras que el sentido común no, o la madre de Mercedes tuvo realmente mucha suerte para llegar a ser conocida.
En una noche tuvo que soportar cosas cómo la chica no entendiendo que un fantasma no solo no necesariamente va a querer matarla sino que no puede, o cómo Juan creyéndose el amo de toda la creación cada vez que hacía algo importante.
Con un aire paternal y confiando en que algún día podrían llegar a más, les llegó a ofrecer ir al Bar. Los chicos se limitaron a pasar toda la noche con el mismo vaso de fernet mirando raro a todos los que pasaban (de hecho, Víctor estuvo agradecido de que no intentaran atacar a nadie).
Hasta donde sabe los chicos siguieron con sus patrullas, no es que le interese mucho. Cada tanto revisa el obituario para ver si están ahí. Es solo cuestión de tiempo cree él.
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